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ISSN 1989-4163

NUMERO 23 - MAYO 2011

Apoliticismo de Tercera Vía

Inés Matute

Son muchas y justificadas las razones por las que admiro al Antonio Lucas escritor y periodista, pero hay veces – no sé si por juventud o por ingenuidad, de no ser la misma cosa- en que se equivoca. Como todo el mundo. Y su última columna publicada en prensa, responde, lisa y llanamente, a un error de planteamiento. No se puede ni se debe animar a la gente a que se quede en casa el día 22 de mayo con el argumento de que esa es la única forma digna de escenificar que no deseamos que los mismos cantamañanas de siempre sigan decidiendo por nosotros.

Quedándote en casa, amigo Lucas, los mismos de siempre – y estoy contigo en que somos muchos los que aborrecemos una España en blanco y negro, aunque tú no lo digas así- serán los que SIGAN decidiendo por ti, dado que tu abstención les favorece. Si de verdad quieres cambiar las cosas, no te apoltrones ni te adormezcas detrás de los sobadísimos argumentos de los acratillas; no formules en voz alta la primera ecuación del pasotismo, y, sobre todo, no caigas en el catastrofismo.

Entre sus múltiples lecturas, abstenerse puede significar rechazar, mostrar un desacuerdo, efectivamente, pero no construye nada nuevo. No aporta. No es un gesto que trabaje a favor de cambio. Ni siquiera es un esnobismo de cultureta que está de vuelta de casi todo. Es, creo yo, la actitud de quien ya lo da todo por perdido, y tú eres demasiado joven para tirar la toalla y no intentar, siquiera, luchar por tu país, por tu futuro. No se trata de votar a uno de los dos grandes partidos, por premiarle (es más que dudoso) o por castigar a su adversario, sino de buscar una alternativa que te guste, entre los partidos minoritarios, y de darle una oportunidad, dado que lo que ya conocemos no nos seduce. No se trata de buscar un modo distinto de repartir el pastel. Se trata de construir un pastel distinto, y para ello, necesitamos tu voto para dejar de ser minoritarios, es decir, gente de intenciones largas pero voz muy corta. Necesitamos tu voto- todos los pequeños partidos, no sólo el mío- para dejar de serlo y ganar peso. Para poder cambiar las cosas desde la fuerza que da el hecho de representar a millones de españoles. Contempla la revolución islandesa  y recuerda que SIEMPRE hay medios de cambiar las cosas, aunque esos medios impliquen dinamitar un sistema que ya no funciona. Aunque ello implique mojarse y dejar de llevar una vida cómoda, al margen.

¿Me encuentras, quizás, demasiado desafiante? Pues ya ves, yo estoy con tu amigo: no votar sólo es aplazar el diagnóstico.

Como tú bien dices, porque listo lo eres más que el hambre, mucha gente se dejó la sangre en una cuneta para que nosotros gocemos hoy de un domingo con urnas. Para que hagamos el esfuerzo de ir a votar- me gustaría que lo vieras más como un derecho gozoso que como un deber estéril- con el único fin de que el futuro no sea tan negro. No, no hay demasiados virus ya insostenibles. Hay partidos con políticos corruptos en sus filas y prácticas políticas escandalosas. Pero no cometas el error de meternos a todos en el mismo saco sin habernos dado una oportunidad antes. Tampoco a ti te gustaría, supongo, que las feministas más radicales dijesen que piensas con la bragueta por el mero hecho de ser hombre. No generalices. No seas perezoso ni escribas columnas cargadas de tópicos buscando el asentimiento de los que ya no piensan. ¿Sabes? Hay gente que aún conjuga la honestidad con el cargo y que disfruta con el debate ideológico. Hay gente con aspiraciones legítimas y ganas de trabajar, gente no contaminada e idealista que, harta como tú del desolador panorama, se arremanga y se pone manos a la obra. No, no me hables de una democracia bipolar y tontiloca, ni me digas que esta es la típica retórica de pre campaña, un discurso a piñón fijo que entra fácil y se olvida rápido. Esto sólo es lo que pienso, Antonio Lucas, y los motivos por los que me he metido en política: porque mi rechazo es igual o mayor que el tuyo, pero mi actitud –y aquí diferimos- es constructiva.

Todos nosotros, tenlo bien presente, antes votábamos a otros partidos. Pero nos engañaron. Nos dejaron en la cuneta. Entonces decidimos unirnos y presentarnos como una alternativa a tanta tropa ya sin crédito. Antonio, si te fijas bien, verás que no te estoy pidiendo el voto ni he recurrido a la fórmula del voto útil. Simplemente te pido que votes. Que no te quedes a ver una peli en casa y luego te calientes hablando en un bar de la bazofia de país que vas a dejar a tus hijos, encarnando, como dice Álvaro  Pombo, a la ira del español sentado. Hacer política, entre aceituna y aceituna, no es el modo. Vota. A quien quieras. Pero vota y ejerce tu derecho.

 

 

Bruni

 

 

 

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